Cancale y sus ostras
Día 1: comienza la desconexión
Un fin de semana para desconectar (de verdad). Sobre el papel, Saint-Malo Baie du Mont-Saint-Michel parecía el destino ideal. Pero ahora que estás allí, sabes que has tomado la decisión correcta. Han bastado unas ostras abiertas delante de ti por un productor en el mercado de ostras instalado en el Port de la Houle de Cancale, para hacerte olvidar la vida cotidiana. Frente al Mont, se puede degustar el marisco por el que es famosa la ciudad. Un festín para el paladar y la vista. Este aperitivo precede al almuerzo en un restaurante del puerto, cuyas ventanas se abren a la bahía del Mont-Saint-Michel, Patrimonio Mundial de la UNESCO.
La tarde comienza en el famoso GR.34, en la Pointe du Grouin. Renovado para mayor comodidad de los caminantes, el espolón rocoso parece una proa lista para partir el agua. Saboree uno de los manjares en la hermosa boutique La Maison Guella o en Embruns, y llévese otro a casa para redescubrir el placer de la degustación: ¿le tentará la ostra de chocolate? Se va a Saint-Malo. Esta tarde, mientras degusta una galette en la crêperie de la Tour, en el barrio de Saint-Servan, recordará con cariño el espectáculo que le ofrecieron las olas aquella tarde al asaltar el dique de Sillon. Fue tu primera gran marea, un bautismo que recordarás durante mucho tiempo… En plena naturaleza, el Hôtel de l’Abbaye, en Le Tronchet, será tu parada tranquila y rejuvenecedora esta noche y mañana.

















