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La granja de la felicidad

Encuentro con Lydie Bourdais

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Grégoire

Esta mañana he quedado con Lydie Bourdais en su granja de La Fresnais para asistir a la esquila de sus cabras Angora. Dos veces al año, su rebaño de 23 cabras pierde su vellón de color crudo.

Es un día importante, resultado de seis meses de trabajo, ya que aquí las cabras son criadas por su lana, una lana mohair de calidad reconocida por la marca "Mohair des fermes de France". Son apenas las diez y la temperatura exterior no supera los cero grados. La helada matinal a lo largo del canal nos recuerda que aún no ha terminado el invierno en la marisma. "Estaremos en el cobertizo", me avisó Lydie. Abro la puerta y Lydie me recibe con una amplia sonrisa. Philippe, esquilador especializado, está en plena faena: en tan solo diez minutos, Marjolaine pierde su grueso manto. La esquila de una cabra de morfología angulosa es mucho más larga que la de una oveja de formas redondeadas. Le toca el turno a Lumière, un año mayor. Esta nació en los pastizales, de ahí su nombre. "Soy cuidadosa con el nombre que les doy", me dice Lydie. La historia arrancó hace 13 años. Después de mejorar la calidad de la lana, el objetivo de Lydie es aumentar la cantidad. El año pasado, un macho cabrío seleccionado se sumó a la gran familia. Y para que la música de la orquesta sea armoniosa, el joven maestro fue bautizado Mozart.

En el rebaño, dos machos castrados también van a entregar su vellón. Más grandes y macizos, proporcionarán entre 3 y 3,5 kg, mientras que las cabras rinden entre 2 y 2,5 kg de vellón. Lydie almacena cada esquilma en bolsas individuales, que más tarde seleccionará con cuidado para eliminar las briznas de paja y otros cuerpos extraños. A continuación, la lana es enviada al Tarn para su tratamiento. Los rendimientos de cada animal son controlados y la lana se clasifica en cuatro clases, en función de la edad, la homogeneidad y la fineza del animal. La primera clase se utiliza para los calcetines, la última para las mantas y colchas.

"Yo la hago transformar, tejer, es una gran cadena humana, y al final, la gente se viste con un poco de mí y un poco de mis hijas". Las cabras han entrado en su vida y le exigen mucho tiempo. Criadora apasionada, Lydie es incansable cuando habla de sus cabritas.

Desde Pascuas hasta el Puente de Todos los Santos, organiza visitas a la granja y a la tienda. "Me encanta, es muy animado, las visitas las hago para compartir". Asimismo, está presente todos los sábados en el mercado de Dinard y participa en algunas ferias y mercados de productores.

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