Tesoro nº 7El Canal de Ille‑et‑Rance ‑ el Diamante Verde
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©Simon Bourcier Canal D Ille Et Rance Hede Bazouges Simon Bourcier 6654|©simonbourcier.com
¡Una maravilla de serenidad!

El Canal d’Ille et Rance El diamante verde

Aquí, el color verde revela todas sus facetas. De Saint-Domineuc a Hédé-Bazouges, pasando por Tinténiac… el canal es el lugar ideal para pasear, caminar, ir en bicicleta o en kayak. A este entorno bucólico se suman los estanques y ríos, un verdadero tesoro natural. En los alrededores, aproveche para admirar las notables iglesias de Cardroc, les Iffs, Saint-Brieuc-des-iffs, Québriac… verdaderas pepitas del territorio. Salga en busca de este diamante verde.

El canal de Ille-et-Rance

La aventura bucólica

En 1804, se inició la construcción de un canal que estaba casi destinado a ti.Por supuesto, en su momento, fue una decisión estratégica de Napoleón Bonaparte en respuesta a un bloqueo marítimo británico: estaba destinado a transportar mercancías entre Rennes y Saint-Malo. Luego, a principios del siglo XX, el ferrocarril y las carreteras pusieron fin a su primera vida. Ahora tiene una vocación muy diferente: ¡transportar emociones! Qué manera más bonita que ésta de alimentarse de la naturaleza, respirar, recargar las pilas y disfrutar del momento presente. La parte más impresionante de la obra son las 11 esclusas de Hédé-Bazouges. Una prueba de ingenio para una hermosa línea a través de los campos. Hay mil maneras de descubrir el canal: recorriendo sus caminos de sirga, a pie por el GR37®, en bicicleta, a caballo o navegando.

El patrimonio…

Es imposible perderse en esta parte del mapa. Hay pequeños diamantes por todas partes para mostrarte el camino. Diamantes de piedra opaca en el exterior, e inundados de claridad en el interior. El diamante más robusto es el castillo de Montmuran. Los otros diamantes pueden explorarse en silencio, en la contemplación, con la mirada dirigida al cielo. Así, descubra la iglesia de Saint-Ouen-des-Iffs con sus importantes vidrieras del siglo XVI, la iglesia de Cardroc con su original techo en forma de casco de barco, o la iglesia de Québriac que tiene la particularidad de estar coronada por un campanario retorcido, o lo que es lo mismo, una aguja de pizarra del siglo XVII. Estos monumentos nos recuerdan que los diamantes, incluso los de piedra, son realmente eternos.

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