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La Bahía del Mont-Saint-Michel

Las mayores mareas de Europa entran en escena

Descubre la majestuosa bahía del Mont-Saint-Michel que se extiende desde Cancale hasta Granville a lo largo de casi 500 km2. Este inmenso espacio natural marítimo, declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, se encuentra a 15 kilómetros al este de Saint-Malo.

Un espacio natural entre tierra y mar

La bahía ofrece un paisaje único entre tierra y mar, compuesto de arena, pólderes y marisma. El cielo luminoso que la rodea le confiere una atmósfera casi mágica que recuerda el universo de los cuentos de hadas, sobre todo en invierno, cuando la marisma se cubre de un manto blanco.

La amplitud de mareas es una de las más importantes de Europa, pudiendo alcanzar más de quince metros en periodo de aguas vivas, cuando los coeficientes son superiores a 100. Podrás iniciarte fácilmente en el marisqueo, sin dejar de estar atento al mar que puede subir a la velocidad de un caballo al galope.

El espacio es propicio a la cría de moluscos, que se concentra esencialmente al oeste de la bahía. Allí encontramos granjas de ostras y también los famosos viveros para la cría de mejillones.

Tres cursos de agua desembocan en la bahía, favoreciendo la formación de un macareo durante las grandes mareas equinocciales. Esta ola de cincuenta centímetros de altura puede remontar varios kilómetros tierra adentro. Por supuesto, no faltan a la cita los piragüistas en cuanto aparece este fenómeno.

Las especies protegidas de la bahía

La bahía del Mont-Saint-Michel se descubre con marea baja a lo largo de varias decenas de miles de hectáreas. Este amplio ecosistema está constituido por arenales, cenagales y bancos de arena. El paraje, de relevancia internacional, acoge periódicamente más de veinte mil aves acuáticas. Se cuentan ciento treinta especies diferentes. En invierno se pueden admirar las ocas marinas que levantan vuelo sobre la zona intermareal.

Los mamíferos marinos se encuentran a gusto en la bahía. Entre ellos, una población residente de foca común y una población costera de delfín mular. A veces se divisan ballenas que pasan frente a las costas del canal de la Mancha.

La Bahía del Mont-Saint-Michel es también el lugar de esparcimiento de las ovejas que pastan en los «herbus» (prados salados). Estos antiguos espacios marinos, que algunos días al año quedan cubiertos por las grandes mareas, ofrecen pastizales costeros cuya hierba está impregnada de sal. La salicornia y la verdolaga marina forman parte de los vegetales que le dan su sabor salado al cordero de los prados salinos, tan apreciado por los sibaritas.

El Monte Saint-Michel

La Bahía del Mont-Saint-Michel alberga dos islotes graníticos. El más célebre es el Mont-Saint-Michel, situado al este de la bahía, a 25 kilómetros  de Cancale. El segundo, menos conocido, es Tombelaine, a pocos kilómetros al norte del Monte. ¡Una verdadera reserva ornitológica! La importante amplitud de mareas de la bahía te permitirá llegar a pie con la marea baja.

Las peregrinaciones hacia la abadía del Mont-Saint-Michel comenzaron en la Edad Media con la travesía de los arenales. Hoy en día, peregrinos y visitantes cruzan por el dique que facilita el acceso. Desde hace unos años, una pasarela sobre pilotes, que deja pasar el agua por debajo, permite llegar a la isla del Mont-Saint-Michel a cualquier hora del día.

Hoy en día, la travesía de los arenales vuelve a ponerse de moda. Ve acompañado por un guía para acercarte al Monte y descubrir la bahía desde otra perspectiva. Esta experiencia insólita tiene cada vez más éxito entre los aficionados al turismo de naturaleza, que prefieren acceder al Monte saliendo de los caminos trillados.