Saint-Malo

Semper fidelis

La Ciudad Corsaria

Verdadero bastión de la Costa Esmeralda

Saint-Malo se extiende desde la desembocadura del río Rance hasta el Abra de Lupin. A partir de 1967, con la fusión de los tres antiguos municipios de Saint-Servan, Paramé y Saint-Malo, el Gran Saint-Malo se convierte en una ciudad de unos 50.000 habitantes.

 

Un peñón en medio del agua

Este recinto intramuros, tan codiciado por los visitantes, albergaba en su origen una simple ermita habitada por Aarón, cuya capilla puede verse en el punto más elevado del peñasco.

Mac Low

El nombre de Saint-Malo viene de Mac Low, un monje galés llegado para evangelizar la Armórica en el sigo VI. Este se instaló en el peñón de Alet, frente al peñón de Aarón. Muy pronto el islote aislado se fortificará para luchar contra las invasiones, convirtiéndose, con el correr de los siglos, en una ciudad marítima con ansias de independencia. "Ni bretón, ni francés, ¡malvino soy!", tal es la divisa de la ciudad.

 

La extensión de la ciudad a lo largo del tiempo

Cansado de tener que reconstruir su iglesia, en agosto de 1152, Jean de Chatillon transfiere la sede episcopal de Alet al peñón de Aarón, convertido en una isla en marea alta desde el terrible aunque legendario maremoto de marzo del 709.

Este peñón se convierte entonces en un asilo de pobres pescadores, acogiendo luego a familias más acomodadas, burgueses y nobles, hasta transformarse en el bastión de los «Señores de Saint-Malo», así llamados porque su fabulosa riqueza les permitía prestarle dinero al rey de Francia. Sus mansiones, muchas de ellas declaradas monumento histórico, todavía pueden verse dentro del recinto amurallado: los palacetes, y en la campiña circundante: las «malouinières».

Bajo el impulso del beato Jean de la Grille, al amparo de su magnífica catedral Saint-Vincent, la ciudad se vuelve un importante centro del comercio marítimo europeo, tan poderoso que los habitantes de Saint-Malo se autoproclaman República, a imagen y semejanza de la Serenísima Venecia, y en 1590 declaran su independencia de la Corona. Este episodio solo duró cuatro años, pero fue entonces que surgió ese lema oficioso: «ni francés, ni bretón, ¡malvino soy!».

 

Ampliación - Taller de velas - Veraneo 

La parroquia de Saint-Servan alberga numerosas cordelerías, fábricas de vela y astilleros, y mira hacia el mar, mientras que Paramé, más verde, encierra algunas casas de campo o casas de recreo de ricos negociantes de Saint-Malo, haciendo las veces de parroquia de veraneo.

En 1689, el rey encarga a Vauban la construcción de un cinturón de fuego alrededor de la ciudad. Así nacen los fuertes de la Conchée, Harbour, Petit Bé y National, que contribuyen a hacer de Saint-Malo un bastión inexpugnable para los buques enemigos.

En 1708, la vieja urbe se ahoga detrás de sus murallas medievales. Entonces se dota de un primer ensanche, seguido con el tiempo por otros tres, que le otorgarán su aspecto actual. Una de estas ampliaciones lleva el nombre evocador de «Californie» y aberga algunos de los palacetes más bellos del siglo XVIII.

 

 

Ciudad de hombres ilustres 

Saint-Malo, Ciudad de Arte y de Historia, sinónimo de sueño, de aventura y de viaje, es la cuna de grandes nombres: Chateaubriand, el escritor romántico, cuya tumba frente al mar abierto puede visitarse con marea baja; los corsarios Robert Surcouf y René Duguay-Trouin; Jacques Cartier y su mansión, que relata su periplo por Canadá. Y si la ciudad padeció durante la libertación, en agosto de 1944, al ser destruida en un 80%, supo renacer de sus cenizas y conservar su aspecto auténtico bajo el impulso del arquitecto Louis Arretche y del alcalde Guy la Chambre, que promovió una reconstrucción historicista de la ciudad, ya que es materialmente imposible reconstruir de forma idéntica.

 

Tierra de eventos 

Saint-Malo está en el centro de las mayores mareas de Europa, así como de eventos culturales y marítimos de primer orden: la Tall Ships’ Race, Étonnants Voyageurs, La Route du Rhum, Quai des Bulles, la Transat Québec–Saint-Malo, Folklores du Monde, la Route du Rock. La llegada del tren de alta velocidad, que pone a la ciudad a 2 h 17 min de la capital, la convierte en una urbe moderna, bien instalada en el siglo XXI y el tercer milenio.

3.658 hectáreas - 45.130 habitantes