Saint-Coulomb

Puntas rocosas y grandes playas a lo largo de 14 kilómetros de litoral

Le Plessis Bertrand - Residencia de Du Guesclin Saint-Coulomb

De Saint-Colomban a Bertrand du Guesclin

Ocupada desde el Mesolítico, como lo demuestran las ruinas del oppidum de la Pointe du Meinga, Saint-Coulomb habría sido fundada hacia el año 580, cuando Saint-Colomban, monje irlandés, desembarcó en la plage du Guesclin. Esta playa debe su nombre a la familia del célebre condestable de Francia, Bertrand du Guesclin, cuyo antepasado mandó construir el Fort du Guesclin en medio de la playa epónima, en el siglo XII. Más tarde, al no sentirse suficientemente protegido en este islote, lo abandonó e hizo edificar la poderosa fortaleza de Plessis Bertrand, más al sur, cuyas ruinas románticas todavía hoy surgen en medio de un pequeño bosque.

 

Una tierra de malouinières

Antiguo señorío que se remonta al siglo XI, cuyo último Señor fue uno de los más poderosos armadores de Saint-Malo, Saint-Coulomb atrajo pronto a muchos ricos negociantes de la ciudad, quienes construyeron sus residencias estivales, las famosas Malouinières, en la capiña de Saint-Coulomb. Una de las pocas que pueden visitarse, la Ville Bague, es la más representativa de ellas, con su arquitectura militar, obra de Garangeau, alumno de Vauban. La más reciente es la Motte Jean: esta sucede a un castillo feudal de madera, la Ville Azé, que refleja sus frontispicios labrados en las aguas artificiales del estanque Saint-Suzanne… Cinco circuitos para ciclistas permiten surcar el municipio descubriendo estas famosas casas de armadores, reveladoras de un poderoso pasado marítimo.

 

Les choux fleur de Saint-Coulomb

Un litoral protegido

14 kilómetros de costas rocosas, cuatro playas de arena fina, cultivos hortícolas de calidad, y un patrimonio rico y diversificado hacen de Saint-Coulomb una ciudad-etapa destacada en la Ruta Turística "Prince de Bretagne", que invita a descubrir sus famosos coliflores.

 

El GR-34 o Sentier des douaniers (camino litoral) permite recorrer la costa y descubrir sus tesoros, como las dunas de Roz-Ven, donde está enclavada la casa de Colette, o el tómbolo dunar de la ensenada de Chevrets que protege el Havre du Lupin, verdadero santuario de gran riqueza floral y zona de invernada para las aves zancudas y limícolas.

 

1.804 hectáreas - 2.735 habitantes