El cementerio de barcos de Quelmer

Viejos cascos de barcos que navegan fuera del tiempo

Un paraje que se descubre paseando a orillas del Rance

Los barcos tienen su cementerio

Qué mejor homenaje a esta comarca de marinos y barcos que este lugar escondido en una pequeña ensenada del Rance marítimo, que vio salir tantas naves de sus astilleros, en la época en que estos eran el orgullo del valle.

 

Una historia de barcos que se perpetúa

Como un guiño de la Historia, hace pocos meses un astillero reanudó su actividad en la ensenada de Quelmer.
Junto a estos cascos roídos por el mar, que en vano miran hacia la grada renovada de La Landriais, en la orilla opuesta, otros cascos vienen a reparar sus forros y cuadernas para seguir navegando.

 

Lugar inspirador para los artistas

Hace unos años, algunos pintores de la región fueron invitados a desplegar su talento. Como un símbolo, el pintor Kalvez, instalado en Cancale, no lejos de allí, firmó un fresco llamado La Belle Endormie (La Bella durmiente) en uno de esos cascos. Con marea menguante, algunos barcos descubren sus flancos descarnados, dejando ver los restos de su columna vertebral.

 

Un paseo para descubrir el pasado marítimo del Rance

La Anse de Quelmer está situada en una ruta circular de senderismo de 7,5 km que lleva de la ensenada de Troctin hasta Saint-Elier, más al sur.

Este circuito pasa por La Passagère, el pueblo vecino, que todavía alberga la casa del barquero, testigo de la época en que un transbordador unía las orillas del Rance: otra historia de barcos...