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Pescadores de vieiras

Carrera contrarreloj

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Grégoire

Bienvenidos a bordo de Surya, un barco conchero de Saint-Malo que, de octubre a marzo, pesca vieiras en la bahía de Saint-Brieuc.

Bienvenidos a bordo de Surya

Lunes a las ocho de la mañana, en el puerto de Bas-Sablons en Saint-Malo, Surya, barco pesquero polivalente de 12 metros, zarpa del puerto con rumbo noroeste hacia la Bahía de Saint-Brieuc y su banco de vieiras, frecuentada por 250 barcos inscritos para esta campaña invernal. Dos días por semana, los lunes y miércoles, Till, el patrón, y Briac, su marinero, se encuentran en el caladero. Al salir del puerto, metódicamente, Briac ha estibado las dos dragas laterales a los cables, unidos al cabrestante central. Esta mañana, pocos barcos han salido al mar algo encrespado, y detrás nuestro van algunos de Saint-Malo, dos horas y media para alcanzar la zona de pesca autorizada.

Son las diez, dejamos la silueta imponente del Cap Fréhel a babor con un sol brillante. Los barcos de la bahía de Saint-Brieuc ya están en el caladero y los de Saint-Malo se dispersan, cada uno observa la ruta que siguieron los otros. Mientras Briac fuma un último cigarrillo, Till escruta con sus prismáticos la posición de los barcos, y la tensión aumenta levemente a bordo de Surya. Los miembros de la tripulación se ponen sus impermeables y verifican por última vez las dragas.

10:40: están posicionadas en los flancos, con el fondo rozando la espuma, listas para entrar en acción. Como los otros barcos, Surya da vueltas en el agua a la espera de la orden de salida.

10:54: el avión de Asuntos Marítimos se anuncia en el canal VHF, un último vistazo a la costa para comprobar: ¡prohibidos los roces esta mañana!

11:00: orden de salida. Se solicita toda la potencia del motor. En un santiamén, los 300 caballos entran en acción. Till, con un ojo en el mapa del PC y el otro en el horizonte, da instrucciones a Briac, que acciona el cabrestante. Las dos dragas son caladas al mismo tiempo, una a 110 metros, la otra a 90, para que no se crucen. Tras diez minutos de dragado a plena potencia, con algunas sacudidas que encabritan a Surya y tensan los cables estirados al máximo, las dragas son recogidas en un estruendo metálico. Till ha dejado la cabina y se abalanza sobre los aparejos para subirlos a bordo y abrir sus fauces. Escupen entonces sobre la cubierta vieiras, guijarros y algunos bloques más importantes, antes de regresar enseguida a su trabajo de captura. Seguirán otros dos dragados con el mismo frenesí, usando hasta el último minuto de los 45 autorizados.

11:50: vuelve la calma y la hora del balance teórico provoca en Till una ligera hueca. ¡Bastante bien! Los casi 600 kg de vieiras alcanzarán para cubrir los gastos. Pero no es el momento de hacer cuentas. Vieiras y piedras cubren la cubierta, es hora de seleccionar. Tras verificar sus tallas, las vieiras se colocan en una batea y luego en un costal. En cuclillas en cubierta, ambos marinos estarán atareados durante todo el viaje de regreso, mientras yo quedo a cargo del piloto automático hasta el canal balizado, a la entrada del puerto de Saint-Malo. Última etapa: el dique de Dinan, con la entrega de los valiosos costales y un rápido intercambio con los otros barcos.

15:00: puerto de Bas-Sablons, Surya ha vuelto al pontón. Todavía emocionado por el momento intenso que acabo de vivir, desembarco y camino torpemente. Revivo esa jornada de faena mirando las fotos tomadas a bordo. Mis piernas, por su parte, seguirán tambaléandose hasta el atardecer.

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